Congreso Mercosur: Quiénes serán las estrellas del aire

23 JUL | por : Fearca

Jorge Malattini, Ema Artesano, Eduardo Paiz, Nicolás Skare y Jorhe Marinhas son algunos de los acróbatas del cielo, también pilotos aeroaplicadores, que cuentan sus comienzos, sus riesgos, su profesionalismo y sobre todo su pasión: “volar”. 

Jorge Malattini nació y se crió en la ciudad de Carlos Casares, provincia de Buenos Aires. Trabaja como Aeroaplicador y fue presidente de la Cámara de la Aeroaplicadores de la Provincia de Buenos Aires. “Cuando era chico barría hangares, lavaba aviones y sólo quería hacerme de conocidos y amigos para que me llevaran a volar”, cuenta Jorge y sostiene que “a los 9 años me subieron por primera vez a un avión y a los 18 pude volar solo”. Llegó a ser comandante de Aerolíneas Argentinas, donde contabilizó 14.500 horas de vuelo, casi la mitad de las 31.900 que tiene actualmente. Además, posee licencias de paracaidista, instructor de vuelo, piloto de planeador, helicóptero, ultralivianos, parapentes, de línea aérea, remolcador de planeadores y combate contra incendios. “Hablo mucho con el avión cuando estoy allá arriba pero nunca lo puteo, al contrario, lo mimo, para explicar que uno no piensa en la maniobra que está haciendo sino en las dos próximas que vienen”, resalta Jorge.

“Mi trabajo tiene mucho de logística y la prioridad es proteger al que está abajo”, explica y cuenta que “no soy un kamikaze y si un día me levanto y no tengo ánimo para volar no lo hago”. 

Además, asegura: “Nunca tuve miedo. El día que sienta miedo me bajo del avión para siempre”. 

Es importante destacar que Jorge resalta que “este es un deporte de alto riesgo, donde no se improvisa ni se intentan maniobras no entrenadas. Me cuido yo, cuido al avión y cuido al público”.

Nicolás Skare comenzó como piloto aeroaplicador, en 1979, en una empresa de Pergamino, luego de dos años armó su empresa familiar en Salto, que tiene hasta el día de hoy. Con respecto a la acrobacia cuenta que siempre le gustó el vuelo acrobático, muy parecido al del aeroaplicador, porque se vuela permanentemente a baja altura, cerca de los límites de velocidad, con obstáculos, como cables de electricidad, molinos, arboles, etc. a diferencia de que la acrobacia es un vuelo un poco más agresivo, genera mucha adrenalina buena, además de placer. Por otro lado, Nicolás asegura que “todos los días son diferentes, no hay un trabajo igual, por eso es que es tan lindo este tipo de vuelo”. 

Lleva a mucha gente a volar en bautismos acrobáticos, tratando de que la pasen bien y disfruten del vuelo, que no les haga mal.  “muchas veces me pasó que después de aterrizar me preguntan cómo pueden hacer para aprender a volar y eso me da mucha satisfacción, para mí es como objetivo cumplido”, sostuvo y resaltó que “este tipo de vuelos también sirve para mantener el entrenamiento en épocas en que no aeroaplicamos”.

“Somos totalmente profesionales, nada se improvisa, todo está diagramado y pensado antes de comenzar a poner el motor en marcha”, cuenta Nicolás y dice: “es más arriesgado circular por la ruta que volar”. 

Eduardo Paiz nació en Santa Lucía, un pequeño pueblo perteneciente al partido de San Pedro, provincia de Buenos Aires. Eduardo cuenta que cuando era chico, en la época de trabajo, aterrizaba un avión cerca del camino en donde estaba y él, se quedaba horas mirándolo. Él cree que esa fue la inspiración y consecuencia que lo hizo ser piloto. 

Años más tarde se fue, junto a su familia, a vivir a Carlos Casares a trabajar en la estancia EL Jabalí donde voló por primera vez. Luego de estar en la colimba, junto a los aviones y hacer el curso privado, en Pergamino, comenzó a trabajar como piloto “Haciendo acrobacia se siente libertad y, obviamente, con todas las responsabilidades que esa condición conlleva”, explica Eduardo y sostiene que “está enlazada con esa palabra el tema de los riesgos porque hay actividades riesgosas pero, sabiéndolas administrar, el mismo se minimiza”.  De esta manera, él resalta que “sólo el piloto tiene la opción de hacer más o menos riesgoso el vuelo.  “De una cosa estoy seguro y lo digo siempre: Tengo el mejor trabajo del mundo siendo piloto aeroaplicador”. 

Ema Artesano, el más joven de todos los pilotos, empezó con su padre. Un aeroaplicador con más de 55 años de actividad que lo llevaba desde pequeño. A los 8 años voló por primera vez, obviamente sin licencia. A los 15 hizo el curso de planeador, a los 17 años el de piloto de planeador, luego el de VFR controlado, el de comercial en Buenos Aires y, posteriormente, el de aeroaplicador. De esta manera, “comencé a trabajar como aeroaplicador en una empresa de Cañada Rosquín, el pueblo en donde nací, me crié y vivo actualmente”, cuenta Ema y continúa: Más adelante, hice el curso de instructor de vuelo. 

“La acrobacia se fue dando medio de casualidad, si bien mi papá ya hacía con Víctor Marinhas, yo realizaba algunas maniobras y siempre me gustó”, cuenta Ema y asegura que “fue a partir del 2011 cuando compré el avión que tengo que es con el que hago acrobacia y comencé a dedicarme más a ese rubro”. 

Por otro lado, afirma: “El vuelo es para mí la vida porque estoy todos los días haciendo cosas con los aviones ya que, si no es mantenimiento, vuelo dando instrucciones, haciendo acrobacia, fumigando, etc”. 

Sergio Marinhas, oriundo de la localidad de Bellville, provincia de Córdoba amó desde chico esta actividad ya que su padre, Víctor, fue el que le inculcó esta pasión. “En la Argentina no había quien nos enseñara, hemos sido pioneros con mi padre”, cuenta Sergio. Hizo el curso de piloto privado en el año 82 y en el 85 comenzó haciendo acrobacia con su primer avión. “Siempre el afán fue llegar a tener un avión acrobático de punta, en el 2010, se dieron las condiciones para poder comprar un avión así”, sostiene. Por otro lado, explica que “por suerte tengo el apoyo de mi familia para esta profesión”. 

Por otro lado, Sergio explica:” Tengo amigos pilotos que nos dan una mano para preparar el avión, combustible, el aceite para el humo, es decir, un montón de pequeñas cosas que hace a la preparación para cada vuelo”. 

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